Luego de la derrota en la final contra Chile por la Copa
América 2016, Martino ya no se sentía más entrenador de la selección argentina.
Si no renunciaba ayer, lo hacía después de los Juegos
Olímpicos 2016. Tarde o temprano, el final del ciclo tenía puesta la fecha de
vencimiento. Gerardo Martino ya no se sentía más entrenador de la selección
argentina luego de la final perdida contra Chile por la Copa América Centenario
2016. La segunda en la que mordió el polvo de la derrota en menos de un año y
ante el mismo rival. Esa caída en la definición por penales en Estados Unidos
señalizó el camino de salida. Le hizo un tajo a un proceso que el propio
entrenador rosarino ya sabía que no lo cerraba ni el cicatrizante de las
palabras. Es que lo que ocurrió hace algo más de una semana en el estadio
MetLife de Nueva Jersey tuvo la suficiente fuerza bruta para expulsarlo del
cargo. Esa es la pura verdad. Aunque el Tata tal vez nunca lo diga
públicamente. Es probable que lo que almacenaban sus neuronas se lo lleve a la
tumba. Todo el mundo ayer se plegó a la creencia de que el principal motivo del
portazo fue que la AFA lo dejó solo en la pelea con los clubes para que le
prestaran los jugadores que él había convocado para los Juegos. Pero mirar sólo
eso es sencillamente no conocer las conductas que movilizan a Martino. No es un
hombre de actuar por impulsos ni resignar el gran sueño de su carrera como
técnico ante la aparición de imponderables. Todo lo contrario. Porque si algo
tenía claro el Tata era que lo único que podía mandarlo a la banquina era un
resultado como el que sufrió en tierras estadounidenses.
Obviamente que no le dieran a los jugadores algo tuvo que
ver. Sólo alguien que vive en otro planeta no se daría cuenta de que también lo
invitaron a retirarse y él aceptó sin que se lo dijeran. Prefirió adelantarse a
los hechos. También es imposible soslayar que la desorganización dirigencial y
el caos en el que está inmersa la AFA influyeron en la decisión. Fueron las
gotas que rebasaron el vaso. Cómo habrá tenido todo resuelto que cuando se
sentó ayer con el vicepresidente segundo de la AFA, Claudio Chiqui Tapia, ya
tenía cocinada la determinación. Escuchó por respeto al dirigente, pero lo hizo
con la plena convicción de que nada ni nadie le movería el piso con promesas
seductoras. Incluso, una fuente muy vinculada con el círculo familiar del Tata
le confió a Ovación lo siguiente: "Desde que vino de Estados Unidos estaba
con la idea de renunciar. Ya estaba cansado y sin fuerzas para seguir luego de
la final perdida contra Chile".
Estas declaraciones no hicieron más que reforzar lo que
expuso un rato antes el propio Chiqui Tapia cuando le preguntaron por los
detalles del encuentro con Martino en Ezeiza: "Intenté convencerlo, pero
Martino ya se sentó con la idea de irse. Era una decisión que la venía
madurando. Estas decisiones se toman por algo y por eso hay que respetarlas. Es
muy difícil ir a la guerra sin soldados y tal vez él sintió eso", afirmó
Tapia, quien durante la Copa América 2016 fue el dirigente con quien más habló
el Tata.
Para entender por qué Martino decidió dar un paso al costado
ahora hubo que convivir con él durante casi un mes en Estados Unidos. Es que
verlo transitar siempre a la defensiva durante ese tiempo en el que una derrota
tapó el sol de los triunfos ahora explica muchas cosas. Por eso nada de lo que
pasó ayer fue obra de la casualidad. Todo se precipitó con la nueva derrota que
sufrió en la final contra Chile. No hay que ir muy lejos para comprender el
cuadro de situación. Basta recordar la cara con la que el Tata se sentó en la
conferencia de prensa posterior al encuentro contra los trasandinos. Era el
semblante de un entrenador abatido y sin fuerzas para revertir lo que imaginaba
que se le venía. Y no se está hablando precisamente de la postura que luego
adoptarían los clubes argentinos de no ceder a los futbolistas para ir a los
Juegos Olímpicos.
Ya en el vestuario empezó a procesar la despedida. Pero
creyó que no era el momento para anunciarlo. Mucho menos cuando se enteró unos
minutos después de la renuncia de Lionel Messi al seleccionado. No quiso
victimizarse ni aprovecharse del escenario tremendista que ya había instalado
Leo. A su vez entendió que si hacía eso era echarle más fuego a una coyuntura
de por sí incendiaria. También por eso evitó exponerse públicamente durante la
última semana en Rosario. Si hasta rompió la rutina de ir a la mesa de café en
el bar Pan y Manteca con sus amigos de toda la vida. Se recluyó en su casa de
barrio Cura y no quería hablar con nadie. Mucho menos de la selección porque ya
se sentía afuera del banco que tanto soñó con ocupar. Sólo los integrantes de
su familia sabían lo que iba a hacer. A ellos sí les dejó entrever el cansancio
y las ganas de no seguir luego de la derrota contra Chile. Mientras seguía
minuto a minuto las informaciones sobre las deserciones de los jugadores que
había convocado a los Juegos, más se convencía de lo que tenía que decirle en
la cara a Chiqui Tapia. Tampoco resultó un episodio providencial que el elegido
haya sido el dirigente que más contacto tuvo con él durante el mes en Estados
Unidos y también el que más confianza le despertaba en ese berenjenal de
vanidades en el que se transformó por estos días la AFA.
No sólo los dos porrazos sonoros que se dio en las finales
contra Chile desgastaron al Tata. También las críticas fueron minando el
terreno y convenciéndolo de que el momento de darles el gusto a varios había
llegado. Aunque esta vez el ojo acusador no fue sólo el de la prensa. Ni los
cuestionamientos que más le molestaron. Hubo otros de los que se enteró y que
llegaron a sus oídos que realmente martirizaron su existencia. Porque vinieron
nada menos de parte de algunos jugadores en los que confiaba ciegamente. No
podía creer que esos mismos futbolistas que públicamente decían que estaban
comprometidos de pie y manos con el proyecto futbolístico, ahora por lo bajo se
quejaban de la metodología de trabajo utilizada por el preparador físico Elvio
Paolorosso. Ya no se los decían a los representantes de turno, también se lo
blanqueaban a los periodistas que habitualmente realizan las coberturas de la
selección argentina: “Es lógico que hubo un desgaste natural con el plantel. No
es fácil seguir adelante después de dos finales perdidas. Nosotros no sabíamos
la decisión que iba a tomar el Tata cuando se sentara a hablar con los dirigentes”,
dijo ayer el PF Paolorosso, una de las personas que más lo conoce.
Finalmente no aguantó más Martino. No se bancó seguir
cargando con la cruz de que lo tildaran de fracasado. Prefirió pegar el portazo
antes de ir a los Juegos. El tren que quería tomar ya había pasado. Y no era
justamente el que lo llevaba a Río.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario