Vencieron 5-2 al bicampeón olímpico con goles de Peillat
(3), Menini y Vila. El jueves buscarán el oro.
Entender que en el deporte de alto rendimiento los
resultados solamente llegan con planificación, entrenamiento y trabajo a largo
plazo es el primer paso para salir a buscarlos. La voluntad, la dedicación full
time y una cuota de fortuna siempre deben acompañar. Pero si no se afloja ante
el primer obstáculo y se aprovechan las buenas, el camino deberá ofrecer una
recompensa. Tarde o temprano. Y Los Leones la disfrutan hoy en Río de Janeiro.
Son finalistas olímpicos. Sí, finalistas olímpicos. E irán por el oro este
jueves, desde las 17, cuando se enfrenten al ganador de Bélgica-Holanda, que se
jugará esta tarde.
Este equipo, que fue tercero en el Mundial de La Haya 2014,
hoy se infla el pecho con la histórica clasificación a la final olímpica
después de dejar en el camino en la semifinal por 5 a 2 nada menos que a
Alemania, el bicampeón olímpico en Beijing 2008 y en Londres 2012. Una
auténtica proeza deportiva de un seleccionado que creyó siempre en este torneo,
más allá de un mal partido ante India y de que se le hubiera escapado el
triunfo ante Alemania en el grupo, a apenas 8 segundos del final.
Iban 8m25 de juego cuando la modorra y los nervios se
desestabilizaron un poco y Argentina consiguió su primer córner corto. Salí la
bocha, la frenaron y Gonzalo Peillat dejó su sello con una arrastrada que chocó
contra la red alemana, apenas arriba de la tabla. 1 a 0, festejo y aliento en
la tribuna, bajo un sol que calcinaba. No les importaba nada a los argentinos
que revoleaban todo lo que tenían, mientras algunos varones se ponían en cuero.
Más aún cuando a los 11m53 se repitió la historia en la
cancha principal de Deodoro. Córner corto, atrastrada de Peillat y golpe en la
tabla. 2 a 0. Efectividad absoluta para Los Leones. Pero llegó el sufrimiento
por duplicado. Florian Fuchs tocó la bocha, pero ésta se fue besando el palo
derecho. Y enseguida, tras una maña salida, Juan Manuel Vivaldi se lo tapó mano
a mano al 23.
Si bien se equivocaban en alguna salida desde el fondo, Los
Leones lucían firmes a la hora de manejar la bocha ante el bicampeón olímpico.
Zozobraron cuando un revés de Fuchs pasó cerca del palo izquierdo. Ni hablar
cuando Vivaldi salvó con maestría un remate de Moritz Furste en un córner corto
a los 7m20.
El panorama cambió rápidamente cuando Argentina recuperó la
buena senda e intentó no quedarse esperando. El peor escenario. Entonces llegó
el tercer córner corto. El tercer remate de Peillat. El tercer gol, luego de
que la bocha pegara en el palo que sostenía el arquero Nicolas Jacobi en su
mano derecha. Irse al descanso con un 3-0 no estaba en los planes. Mejor,
imposible.
Y mejor aún cuando a los 5m20 del segundo tiempo, Agustín
Mazzilli armó una jugada bárbara en el área y “picó” la bocha para que Joaquín
Menini la empujara al gol. Casi en palomita. Golazo. Todo era una fiesta en el
Deodoro. Ni que hablar después del 5 a 0 de Lucas Vila con un palazo que infló
la red en el comienzo del último cuarto.
“¡Es un afano, suspendanló!” (sic), cantaba la gente en
cueros o en celeste y blanco. “¡De la mano del Chapa vamos a ganar y la vuelta
vamo' a dar!”, se escuchaba. Daba para todo el festival deportivo armado por
Los Leones sobre el sintético azul, con líneas blancas.
Descontó Furste de penal a 9m21 del final, para comprobar
que Vivaldi alguna podía no atajar. Hacía rato que Alemania ya corría con un
jugador en el lugar del arquero. Sólo le quedaba el amor propio. Y a Los
Leones, dar lo máximo para disfrutar el cierre de un partido histórico. Vivaldi
salvó un córner corto con el pie derecho. Los diez jugadores restantes
defendían con garra la ventaja. Llegó el 5-2 con un bochazo de Christopher
Ruhr. Y llegó el final.
El hockey sobre césped masculino argentino es finalista
olímpico. Historia pura bien ganada por un trabajo a largo plazo. La única
manera de que la vida te sonría si la vas a buscar para abrazarla bien fuerte.
Fuente: Clarín.com

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