El local estuvo más cerca del 2-0 que el Pirata del empate.
El Celeste no tuvo un buen partido y algunos rendimientos fueron muy pobres.
¿El mejor? Matías Suárez.
La actuación de Belgrano del miércoles por la anoche resultó
deficitaria por donde se la mire.
Faltaron juego y llegada. Tanto que el Pirata
no fue capaz de generarle al Pincha una sola situación de peligro a lo largo de
los 90 minutos.
Lo único bueno de Belgrano fue que en La Plata sólo perdió
1-0 ante Estudiantes y la serie por la segunda fase de la Sudamericana quedó
abierta. De cara al desquite en Córdoba, en el Kempes, la “B” deberá dar un giro
de 180 grados en su fútbol.
Mal arranque
No fue bueno el primer tiempo de Belgrano. Le costó
demasiado meterse en el partido. Matías Suárez recién apareció después de los
25 minutos, cuando abandonó la raya derecha y pasó a jugar como mediapunta
detrás de Bieler.
Y en ese contexto, las situaciones de peligro brillaron por
su ausencia. Apenas un tiro libre de Gastón Álvarez Suárez, a los 38, que pasó
cerca del arco de Andújar, resultó la única llegada de un equipo lento en el
fondo, desacomodado en el medio y sin potencia arriba.
En la primera media hora de juego a Belgrano le costó
muchísimo quitar o recuperar la pelota. Y cuando pudo hacerlo, la desperdició
demasiado pronto.
Solamente cuando Matías Suárez pasó de afuera hacia dentro
de la cancha y Bolatti se adelantó más en el terreno Belgrano pudo equilibrar
el partido. Antes, el Pincha, con un cabezazo de Facundo Sánchez pudo
sorprender a “Juanca” Olave.
En el segundo tiempo, Belgrano tuvo más la pelota. Pero no
supo qué hacer con ella. Se murió de impotencia a 30 metros del arco de
Andújar.
Decayó Matías Suárez, bajó Bolatti, a Bieler no le llegó
“una pelota redonda” y ni siquiera las variantes que metió “Teté” González
dieron resultado.
El Pincha aflojó la presión de la primera etapa pero vivió
una noche calma. Y sin atacar demasiado, tuvo un par de llegadas claras. Las
suficientes como para afirmar que estuvo más cerca del 2-0 que Belgrano de un
empate que nunca mereció.
Fuente: Mundo D.

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