Fue en la prueba de los 200m combinados. Suma 26 medallas en
su carrera (22 oros, 2 platas y 2 bronces).
Llegó al toque y el cronómetro se clavó en 1m54s66. Michael
Fred Phelps lo había hecho de nuevo.
Por eso miró a su familia y levantó cuatro
dedos de su mano derecha escondiendo -o reservándose quizá- el pulgar. En otra
noche infernal de la natación olímpica de Río de Janeiro 2016 el máximo ganador en la historia de los Juegos acababa de obtener su cuarta medalla de oro para
sumar 22 a lo largo de una carrera impresionante. Ya se había consagrado aquí
en los 200 metros mariposa y en las dos postas libre (100 y 200); ahora alcanzó
nuevamente la gloria en los 200 medley superando al japonés Kosuke Hagino que
hizo 1m56s61 y al chino Shun Wang que terminó con 1m57s05.
A las 23.03 comenzó la presentación de los ocho finalistas
de los 200 metros medley. Era la carrera de la noche. Pero sobre todo
interesaban los ocupantes de los andariveles 4 y 5. Y allí se ubicaron los
estadounidenses Phelps y Ryan Lochte respectivamente, a una piscina que se caía
de la emoción porque además el brasileño Thiago Pereira quería pelear por una
medalla entre los dos cracks.
Phelps estuvo en zona de medallas durante toda la prueba.
Estaba segundo tras los 50 metros de mariposa y los 50 de espalda pero cuando
arrancó con los 50 pecho ya nunca más dejó la punta de la prueba que definió
con suficiencia y autoridad en los últimos 50 metros, los de libre.
Los minutos anteriores a la consagración, Phelps los había
pasado sentado en una silla del rincón del “call room” donde los nadadores
esperan la orden para ir a la piscina. Camperón azul con vivos rojos, medias
tres cuartos negras, zapatillas blancas; grandes auriculares para escuchar raps
de Eminem o
Young Jezzy o la música country de Erich Church y el celular
sostenido por sus manos tranquilas.
Una pequeña charla entre sonrisas con su
compañero y rival, el platinado Lochte. Y enseguida el llamado rumbo a más historia....
La actuación olímpica de Phelps comenzó en Sydney 2000
cuando apenas tenía 15 años y ya estaba llamado a ser la gran sensación
estadounidense (de hecho, apenas cinco meses después rompió el record mundial
de los 200 metros mariposa). Entonces fue recién en Atenas 2004 que consiguió
sus primeros podios de una manera impresionante: con seis oros y un bronce.
Cuatro años más tarde, en el Cubo de Agua de Beijing, dejó atrás a Mark Spitz y
sus siete títulos logrados en Munich 1972 al obtener uno más. Y en Londres 2012
acumuló otros cuatro oros y dos platas.
El hombre que dijo alguna vez que “no podés poner un límite
a nada y cuanto más soñás más lejos llegás” y que a esa frase le agregó un “si
querés ser el mejor tenés que hacer cosas que otras personas no están
dispuestas a hacer”, lo hizo de nuevo. ¿Lo hará otra vez hoy en la final de los
100 metros mariposa? ¿Lo repetirá -ya en su última presentación olímpica-
mañana en la posta combinada? Con Michael Fred Phelps siempre habrá espacio
para algo más.
Fuente: Clarin.com

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