Luego de un comienzo desfavorable, se impuso en cuatro sets
a Evans para sellar el 3-2 en la semifinal contra Gran Bretaña en Glasgow.
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| Festejo del equipo completo de Copa Davis en Glasgow tras el triunfo de Mayer. Juano Tesone |
A Leonardo Mayer le tocó cerrar un fin de semana dramático.
Con una calma seguramente aprendida en tantas tardes de pesca, el correntino
saltó a la cancha del Emirates y produjo una de las mejores actuaciones de su
carrera. Le ganó 4-6, 6-3, 6-2 y 6-4 al británico Dan Evans y depositó a la
Argentina en la quinta final de Copa Davis de su historia.
Imposible no acordarse de lo ocurrido ayer, en esta misma
cancha y ante esta misma gente. Como en el dobles, Leo Mayer arrancó impreciso,
acaso tenso, como si le costara calibrar sus tiros. A Evans le bastaba con
cargar el juego sobre el revés del correntino para prevalecer. El local quebró
el saque rival en el tercer game y retuvo los suyos para el 6-4 inicial.
Sin embargo, los últimos juegos del set habían entregado una
impresión que se iría corroborando luego: Mayer empezó a ajustar su potencia y
sacó a relucir el arma fundamental que desequilibraría la lucha. Un primer
saque letal, tanto para anotar aces como para prevalecer el resto del punto.
Del resto se encargaría una derecha que volvió a ir de menor a mayor.
Mayer arrancó el segundo set dejando en la red un cómodo
smash y de 1-0 pasó a 1-1. Pero fue probablemente su último error infantil.
Desde entonces, lo suyo fue acumular ventajas a partir del saque, la potencia
de la derecha y una actitud agresiva que incluso disimuló algunos envíos de
revés sin demasiado sin control. Todo lo contrario de Evans, cuya obsesión por
encontrarle el revés al rival lo terminó haciendo errar hasta voleas de
principiante.
Leo quebró a Evans en el cuarto para 3-1. Sacando cada vez mejor
y apretando el puño en cada punto peleado y ganado, empezó a desgastar a un
rival que se desparramaba ante cada servicio rival. Y cuando el local intentó
salirse del libreto de pegar y pegar, alguno de sus toques bordearon el
ridículo. Derechas cruzadas y a los pies se combinaron con subidas a la red
para volear con firmeza. Mayer mandaba y el 6-3 cayó casi por decantación.
El cuarto arrancó con un juego larguísimo. Evans salió
decidido a recuperar terreno y contó con el empuje de la gente. Retuvo su
saque, pero el contraste era notorio: Mayer resolvía cada uno de sus games de
saque con suma sencillez, mientras Evans se debatía en largos peloteos que sólo
a veces ganaba. Y en el quinto juego llegó algo parecido al tiro de gracia:
Mayer quebró el saque de Evans y se fue a sentar con la vista clavada en el
capitán, que intentaba mantenerlo concentrado.
Sólo era cuestión de mantener el primer saque y acertarle a
la cancha en cada violenta derecha. Así lo hizo.
Y en 5-4, ganó sus cuatro
puntos y terminó el trabajo. Ese que, aunque hubieran pasado dos días que
parecieron mil, había iniciado el viernes un tal Juan Martín del Potro.
Fuente: www.clarin.com

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